10 razones para no ser empleado

  • Ingresos para tontos. Al trabajar para una empresa, se hace un trueque de tiempo por dinero. Es decir, sólo mientras se está en el trabajo, se gana dinero. Esto, sin contar que a nadie le interesa el tiempo que se pasa en la oficina. ¿No sería mucho mejor ganar dinero mientras se come, se duerme, se va de fiesta… (24/7)? En lugar de ofrecer tiempo de tu vida, deberíamos ofrecer nuestro conocimiento.

  • Experiencia limitada. En las ofertas de trabajo, siempre se piden X años de experiencia en el mismo puesto de trabajo para obtenerlos. Es como si la experiencia de la vida no contase; ni que decir tiene que la motivación no se mide por años de experiencia. Además, otro problema es que se repite una y otra vez lo aprendido al inicio; este conocimiento adquirido inicialmente, ¿será útil en 20-30 años? ¿Qué es mejor experiencia, aprender a hacer algo de forma repetitiva o aprender a ganar dinero generosamente?

  • Domesticación de por vida. El hecho de obtener un trabajo, es como incorporarse a un programa de domesticación humana: se aprende a comportarse como un animal de compañía.

  • Demasiadas bocas que alimentar. Una parte del ingreso generado por el trabajo de un empleado se usa para pagar impuestos y seguridad social. Aunque se diga que es la empresa quien paga una parte, para el empleador, todo forma parte del sueldo del empleado. Otra parte va a pagar gastos generales, como alquiler, equipos informáticos, etc. Una parte más sirve para parar a los dueños de la empresa, tanto inversores como empresarios. Al final, el empleado sólo recibe una fracción de todo el dinero que ha generado.

  • Demasiado arriesgado. En contra de la creencia tradicional, tener un sueldo es muy arriesgado, pues el 100% de los ingresos provienen de una única fuente. Ante la eventualidad de un despido, los ingresos quedan reducidos a cero. En cambio, como empresario, se suelen tener varias fuentes de ingresos y en caso de que una falle, sólo se pierde un pequeño porcentaje de ingresos, que se pueden compensar buscando alternativas.

  • Tener un jefe. Como empresario, cuando un cliente es idiota, se va a por el siguiente. Como empleado, cuando uno se encuentra a un idiota en la jerarquía corporativa, se le dice “Lo siento, jefe”.

  • Pedir limosna. Cada vez que llega la revisión de sueldo, parece que se está pidiendo limosna, en lugar de exigir el sueldo justo. Un empresario, al que un cliente le dice que no, continúa a por el siguiente cliente.

  • Vida social incestuosa. Muchos empleados consideran su trabajo como su principal vía de relación social. ¿Qué pasa cuando un empleado se cambia de empresa? Si se trabaja en una empresa machista, ¿significa esto que las únicas mujeres con quien hablar son las recepcionistas?

  • Pérdida de libertad. En muchas empresas, al nuevo empleado se le ofrecen unas normas a cumplir: vestimenta, vocabulario, forma de moverse, etc. No se permite al empleado que piense por sí mismo. Esto desemboca en que el empleado se comporta obedientemente y acata todas las decisiones de sus superiores. La única regla que debería existir es: “Sé inteligente, sé bueno, haz lo que te gusta y disfruta”.

  • Convertirse en cobarde. Muchos empleados se quejan de las condiciones que tienen que soportar en su trabajo, pero al final no hacen nada por solucionarlo, por miedo a ser despedidos. Pero no se ha de olvidar que nunca es tarde para recuperar el coraje. ¡Nunca!

Steve Pavlina, visto en snwop.com

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